02 octubre 2009



No me despiertes cuando vengas y no me hables al oído. Ya no me sirven tus palabras, apagué el sueño demasiado temprano. Dejé una carta en la mesa con muy poca lucidez; pero el amor no se olvida, toda mi vida rendida a tus pies. Hay momentos que no recuerdo nada, hay momentos que no puedo olvidar
hay momentos que por las madrugadas, me arrepiento y empiezo a temblar. Cinco segundos de gracia
y mil horas sin razón; sequé mis lágrimas en espejos fríos y soy la sombra de ayer.