Mis hermanos y mi vieja; mi viejo. Mis tapiales, su parque Patricios y algún vicio sin descartar.
Las calles y los edificios de mi Buenos Aires prendido fuego a la noche, cuando ruego por verte regresar.
Todo eso y tus besos, son la mueca que me va a quedar cuando me vengan a buscar.
Todo eso es el peso, que tendrá mi alma cuando el diablo me reserve algún lugar.
Y mis problemas, no serán problemas nunca más.
Ningún milagro, un millón de sueños, el intento por entretenerte y la suerte de ser testigo y culpable de nuestra ilusión. La obsesión por la letra y la rima, más presión por trepar a la cima.Y una rutina que me lastima si no estás vos.



