06 septiembre 2009


Cuando le dije que la pasión por definición no puede durar, como iba yo a saber que ella se iba a echar a llorar. No seas absurdo, me regañó, esa explicación nadie te la pidió; así que guardatela, me pone enferma tanta sinceridad. Y así fue como aprendí que en historias de dos conviene a veces mentir, que ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor. Yo le quería decir que el azar se parece al deseo; que un beso es sólo un asalto y la cama es un ring de boxeo, que las caricias que mojan la piel y la sangre amotinan se marchitan cuando las toca la sucia rutina.
Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera; contarle que el universo era más ancho que sus caderas. Le dibujaba un mundo real no uno color de rosa, pero ella prefería escuchar mentiras piadosas.